PISO 8
Tap...Tap...Tap...El ruido de la muleta me acompaña en la oscura
callecita de Floresta. La muleta que me consiguió Martha, esa buena
enfermera del Álvarez.
Ella no está endurecida por el trabajo. Tenía pena de mí.
Comprendía mi sufrimiento por haber perdido la pierna derecha en
ese accidente callejero. Sabía de mi soledad. Sonia –la única-
había ido una vez, para despedirse. Yo ¿qué podía
ofrecerle? Si antes, con las ventas callejeras, apenas sobrevivíamos,
ahora... Tap...Tap...Tap...Ahora, ya estoy llegando al edificio. ¿No
me habrán tirado mis cosas a la calle? El ascensor. Piso 7 letra
“C”.
Pongo la llave. ¡Desgraciados! ¡Cambiaron la cerradura! Y
esta luz del pasillo, que no dura más...Meto otra vez la llave
y gira como una seda. La puerta se abre y allí... ¡allí
está ella...! Jugando solitarios delante de la mesita de paño
verde...
¡Figlio mío!
¡Mamma!
Ella, que se había puesto de pie, cayó sentada sobre el
silloncito, derrumbada por la sorpresa.
Yo, en dos torpes trancos de inválido, llegué hasta ella
y puse mi cabeza en su falda: -¡Mamma! -¡Figlio mío!
Así estuvimos muy largo rato. La Mamma me acariciaba los cabellos,
mojados por sus lágrimas.
-¡Qué te han hecho esos ingleses...! ¡Esa maldita guerra!
-¡Como todas las guerras, Mamma!
-¡Estas tan cambiado! ¿Qué te han hecho, poveretto!
-¡Ya pasó, Mamma! ¡Ya estoy aquí, junto a Ud.
¡
-¡Nunca les creí que habías muerto! En la lata, siempre
tengo amaretti, para vos...!
-¡Gracias, Mamma!
Y me sirvió un té, con amaretti.
Después hizo ravioles, amasados por ella.
-Te gustan como siempre, me decía, revolviéndome el pelo.
Y yo comía y comía, ávido de ternura...y de comida.
-¡Maldita guerra!
-Ya pasó, Mamma! ¡Ya estoy aquí, con Ud.! ¿Lo
festejamos? –dije, brindando con ella, la copa llenita de un tinto
excelente.
-“Va bene”, replicó, enjugando sus últimas lágrimas.
Vete a la pizzería de acá abajo y compra helado. ¡Son
muy ricos! –dijo, tomando de arriba del piano, de una primorosa
cajita de laca, dinero como para comprar veinte quilos.
-Sí, Mamma. –Tomé el dinero y la muleta y salí.
La luz del pasillo estaba encendida. Ahí sí lo ví:
Piso 8.
Casi, me vuelvo y le digo que su hijo murió hace tres años
en Malvinas, que yo no tengo Mamma desde los ocho... y que soy el vecino
del “7”. Pero ¿para qué, pobre vieja? Si ella
... ¡Está tan sola como yo!
Doña Josefa, ordenando la cocina, piensa:-¡Poveretto! Tan
Joven e inválido..Lindo muchacho! Y bueno.. ¡Casi tanto como
el mío figlio! Casi tanto… Estuve por decirle... Pero ¿para
qué? Él está tan solo….¡Tan solo como
yo!¿Y si le da vergüenza y se va?
¡Pasaremos unas fiestas hermosas…!
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