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Sobre LEYENDA LOBISÓN Marco Aurelio |
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Enfrente a la Escuela Saturnino Segurola, repitiendo el camino de las vìas, sobre la calle Venancio Flores, hay siete palmeras. Las plantó Don Higinio Paredes. Todo un personaje, el hombre. Primero correteó harina, tuvo una panadería, después varias…Al tiempo, dejó todo en manos de un administrador y se dedicó a la política. El Dr. Paredes, le decían. Si tenía estudios, no sé. Autoridad sí que tenía. Casado con Doña Pura Próspera Gala, tuvo con ella siete hijos varones. Cada hijo, una palmera El último, el Marco Aurelio .Fue entonces que plantó la palmera más chica, un poco más lejos, con una gran desilusión ¡ Habían deseado tanto “una chancleta”…! Marco Aurelio era un buen hijo, pero siempre dejado de lado…La gente decía que era lobisón. Por eso Doña Pura, los viernes por la noche y cuando había luna llena, lo encerraba. Se ve que el muchacho se cansó de esto, porque antes de cumplir los quince años se fue de la casa. Nunca supieron más de él. Doña Pura cambió mucho. De joven, alegre y de buen carácter. Diez años después, taciturna y rezadora. Desde la partida del hijo, siempre a Dios le pedía por su vuelta. Fue para San Cosme y San Damián.¡Qué fiesta! Los Santos en procesión, el P. Laucelo .adelante; muy cerca, Doña Pura, al lado de Tocino, el sacristán, cantando en latín. Autoridades del Centro, la banda de música de la Sociedad Italiana, rosquillas, golosinas y medallas…Doña Pura, aunque no se sentía bien, quiso quedarse hasta el final, para ver los fuegos artificiales. De repente, cayó al suelo. La metieron en un coche y la llevaron a la casa..El Dr. Repetur dijo que había que esperar…Pero ella no recobró el sentido. Deliraba, llamando a Marco Aurelio. A las tres de la mañana, un perrazo enorme se puso a aullar, debajo de la palmera chica. Sonaron tres disparos. Se hizo un profundo silencio. Nadie le prestó más atención, porque, en ese momento, murió Doña Pura. Al día siguiente, Don Higinio me pidió- yo era hombre de su confianza en el Comité-, que lo acompañara a ver al aullador. Pero no era un perro ¡era un muchacho! Aunque ensangrentado y sucio…¡lindo hombre! ¡Igualito al Don Higinio del retrato de bodas! ¡Buen hombre, Don Higinio! Lo hizo enterrar al ladito de la que fuera su fiel esposa. ¡Como a uno de la familia! ¿no? Susana Casati |