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Habìa una vez...un
dragòn. ¡Un dragòn enorme! Todos le temìan
¡era tan grandote!. Nadie sabìa que èl , a su
vez, tenìa muuuucho miedo. ¡Muchísimo!¿
A què no saben de què? ¿ A que no saben de
quièn?
Este dragòn le tenìa miedo al fuego. Sì, al
fuego. Como Uds. saben todos los dragones echan fuego por la boca.
En consecuencia, este dragòn se tenìa miedo a sì
mismo, porque, cuando abrìa la boca, salìan enormes
llamaradas. Lo peor de todo èsto es que el Dragòn
estaba muerto de hambre. Furioso, muerto de hambre, porque a èl
le gustaban las hojitas tiernas, verdes y sabrosas, como en ensalada
: abrìa la boca para comerse su desayuno y...¡lo quemaba
todo!
El Dragòn se enterò que en el pueblo vivìa
un niño valiente, MUY VALIENTE. Y quiso conocerlo.. Bajò
de la montaña: el chico vivìa en el valle . El Dragòn
comenzò a caminar hasta la casa de Valentìn, que asì
se llamaba este “superniño” que no le temìa
ni al fuego . Les voy a contar por què: no porque fuese tonto
, ya se sabe que el fuego es muy, pero muy peligroso, sino porque
su padre era bombero y le habìa enseñado a combatirlo
. Valentìn sabìa usar el “matafuego”,
en caso de apuro..
Cuando Valentìn viò que el Dragòn bajaba de
la montaña y se dirigía, len- ta- men- te, pe-sa-da-men-te
hacia su casa, tomò muy ràpido el extiguidor entre
sus manos. La ventana estaba abierta porque era verano. El Dragòn
asomò la cabeza y abriò la bocota para saludar: le
salieron enormes llamaradas . Valentìn apretò la llave
del matafuego y...para SIEMPRE matò al fuego del Dragòn.
Este sonriò con todos sus dientes y el niño y el Dragòn
se hicieron amigos, muy amigos.
Valentìn era “cuentacuentos” y le dijo muchas
historias al Dragòn. Este se hizo tambièn narrador
y contaba formidables historias de dragones...
Los amigos de Valentìn vinieron, desde entonces, todos los
dìas, a escuchar historias. Valentìn siempre estaba
presente, en la “medialuna” de oyentes. Siempre, siempre
con el extinguidor a mano, por las dudas. Pero nunca màs
lo precisò.
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